Hijos adolescentes con TDAH: gestión en la resolución de conflictos

La presencia de conflictos en la convivencia entre padres e hijos adolescentes con TDAH no es un criterio de disfuncionalidad. Lo que sí lo es, es la forma de manejar las confrontaciones que se producen.

El conflicto va a ser algo inevitable porque no debemos olvidar que la adolescencia es una etapa complicada en muchos aspectos, y también en lo que a control de las emociones se refiere.

Es común en los adolescentes con TDAH la aparición de conductas desafiantes, negativistas, oposicionistas o con mayor impulsividad. Ellos tienen verdaderas dificultades en las funciones ejecutivas relacionadas con el control de las emociones y esto no facilita la resolución de los lógicos y naturales conflictos (Ramos-Quiroga et al., 2008).

Al enfrentarnos a discusiones con los hijos adolescentes, debemos actuar de una manera prudente, intentando mantener nuestra posición y no ponernos a su altura. Debemos estar preparados y prever que en ocasiones los hijos pueden recurrir a emplear descalificaciones o incluso contacto físico como empujones en el calentón de la discusión.
Los hijos adolescentes con TDAH tienen dificultades para controlarse, por lo que debemos evitar ponerlos en ciertas situaciones en las que levantemos el tono de voz, empleemos gestos agresivos, etc. En situaciones en las que nuestros hijos nos desafíen, debemos dejarles claro con nuestra actitud que no vamos a entrar a la pelea, y saber que convertir las discusiones en peleas habituales puede suponer un riesgo claro para la aparición de violencia física y verbal.
Los padres son los encargados de modelar la respuesta de los hijos, lo que no quiere decir que la conducta del hijo sea consecuencia directa de lo que hagan los padres, pero sí que los padres pueden llegar a crear ciertas condiciones en las que los hijos puedan emitir una u otra respuesta.

Emplear la violencia física, verbal o emocional ante el adolescente con TDAH es la forma de convertir en un problema grave un trastorno que el adolescente puede llegar a manejar de una manera adecuada si cuenta con las pautas y la formación adecuada.

De poco sirve la resolución de un conflicto o una discusión padre-hijo, si esta se hace mediante la coacción, la pérdida de control parental, el uso de la violencia, etc. (Guénard, 2002).

En definitiva, los padres deben ser capaces de resolver los conflictos de una manera adecuada, no hacerlo en caliente, dar opciones a los adolescentes, no tomar decisiones bajo presión, etc. En ocasiones, los padres deben auto aplicarse el tiempo fuera, ya que puede ser una forma de enseñar autocontrol al hijo, al aplicarlo sobre nosotros mismos, mucho más que sermones o charlas.

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